28.4.13


Cerré la puerta. No miré atrás. Pienso: él tampoco lo hubiera hecho.
Conozco los movimientos, es escena repetida en este rodaje que es peor que un eterno retorno sin buscar terminarlo, hasta hoy. Conté los pasos, baje la cabeza. –Es mejor seguir caminando- me dije.
Esperaba escuchar el ruido del motor en dirección a su casa pasando a mi lado. No lo escuché. No me importo. Caminé. Reja. Seguro. Perra viniendo a saludar. Reja Cerrada.
En un segundo logré verle los ojos, saludó, con la ventanilla baja. ¿Que esperaba? ¿Un saludo? ¿Una sonrisa? ¿Hipocresía? ¿Para qué? Fue estúpido.
Te ignoré, trague la amargura. Entré.
Lo que sucedió desde este hecho en adelante ya no tiene importancia, escribí una hoja nueva, el cielo se renovó. Logro ver con más claridad.
Dejo que crea que puede manejarme, el juego se reanuda; decidí ser yo la que mueve los hilos, la perspectiva brilla con ansias esperando que pise el palo que lo entierre en su propia fosa.
¿Odio? Si, como brota en los ojos de quien quiso demasiado.

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